La luna es
lo único
que mi
camino alumbra,
cuando una nube
delante suyo
pasa,
incluso en
mi mente
evito maldecir.
Esquivo,
de una en
una,
las tumbas.
Evito
pensar
que donde
piso
un muerto
debajo hay.
Tiemblo de
miedo
mientras camino
en el
cementerio
del olvido.
Salto al mínimo
sonido,
debo estar
loca,
quien me
manda a mi
a pasear en
noche
del 13.
Camino un
rato.
El pasto
alto
Roza,
maliciosamente,
Mis piernas.
Pienso,
pienso…
algo malo
saldrá
desde la
noche;
no puedo evitarlo,
lo pienso
de noche.
Pasto,
yuyos
Y otras
plantas,
altas están,
por el paso
inerte del
tiempo.
Los muertos
me rodean,
los puedo
ver,
tras los
árboles
pasando el
prado.
El viento
agita,
violentamente,
mi pelo y
el vestido,
blanco como
muerto,
baila a su sincronía.
En susurros
el viento
habla.
Susurros suaves.
Susurros melancólicos.
Desde los
árboles
observan
mi inseguro
andar.
Los
muertos.
no están muertos,
no respiran.
Muertos
no están.
Algo
esperan.
Una orden ¿Quizás?
¿Una orden,
de qué?
pregunté al
pasar.
Como
anuncio
del infortunio,
reaccionaron
a
mi pregunta.
A correr se
pusieron,
acercándose
hambrientos.
Por el
pantano
es difícil correr.
Las ramas y
raíces
Entorpecen mi
escapar.
Con algo
pesado
me enredo.
Desatar no
puedo,
gritar no
sirve.
Miro
desolada
como se
acercan.
Las
personas,
vestidas de
blanco,
no tienen
boca.
A la orilla
del lago
se quedan
mirando,
sin ojos de
culpa,
como muero
ahogada.
Los veo,
por debajo
del agua,
susurrar la
canción
que el
viento
anunciaba.