Llevo ya mucho
tiempo siguiéndola, tuvo que haber muerto a los cinco años. Envié a un hombre a
matarla, en un intento de robo, pero logró cautivarme.
Cuando el
hombre estaba a punto de matarla, me posicione en sus ojos, se veía tan linda
con su vestido blanco y sus ojos oscuros, como una noche sin luna; pese a que
sabía que moriría no tenía miedo, es más parecía que me recibiría con agrado,
como si me esperase ansiosa. Detuve la mano del hombre, impidiendo que su
destino se cumpla aquella noche.
El tiempo pasó
y todo cambio, todo menos yo. Yo siempre sigo siendo igual para todos. La niña
ya tiene 17 años, y su hermosura no hiso más que aumentar.
Ella no se
considera bonita y muchos la ignoran, pero yo sé cómo es, le he visto. Desde el
momento que impedí su destino, se ha convertido en mi proyecto personal. La
cuide, evite su muerte en incontables ocasiones, varias en la que no se dio
cuenta del peligro en el que se encontraba.
Todo iba
perfecto, ella me pertenecía sin siquiera que ella lo supiese. Todo perfecto
hasta que ese chico se interpuso en mi proyecto; ella tiene amigos, esos no me
molestan, no estorban. Pero este chico es diferente.
Lo estuve
vigilando, ya varias veces estuvo a punto de besarla. Varias veces la abrazo y
tomo su mano. Él hacía que me ponga mui molesto, por desgracia aun no le
tocaba, pero si ya hice que el tiempo de uno se prolongue, puedo acortar el de
otro.
Lo haría, el
tiempo de ese chico se acabaría… no
pude, la sonrisa de María, mi proyecto, mi detuvo. Esa sonrisa me dominaba,
pero saber que no era para mí sino para ese inmundo chico, me destrozaba.
Algo en mi pecho, comenzó a moverse bruscamente con un sonido
ensordecedor, un sonido que no había escuchado nunca provenir de mí. Pensé que
estaba enfermo, ese sonido, ese latir dentro de mi pecho me dolía tanto que
pensé que moriría.
¿Morir?, ¿Qué es eso en mí?, Imposible. Este dolor tiene que parar, por
mi bien y el de los demás, tiene que parar. Mi pecho fue siempre silencioso y
así tiene que quedarse, este ruido doloroso y ensordecedor no puede existir en
mí.
Yo tengo un
trabajo y lo tengo que cumplir, no puedo permitir que nada me distraiga. Una
vez lo hice, y mal que me hizo. Para hacer mi trabajo bien, haré lo que sea
necesario, esa sonrisa no me dominaría más, ese chico moriría esta misma noche.
En la penumbra
de la noche, me deslice en silencio, como solo la muerte puede serlo. Dormido
lo encontré, tendido en el sillón de su casa, en enviaría a nadie a hacer mi
trabajo, esta vez me encargaré personalmente de este problema.
Toque con mi
dedo la frente del muchacho, este abrió los ojos atemorizados, luego los volvió
a cerrar y ¡Listo! El chico ya no sería más un problema.
Pasó el tiempo,
la muerte prematura del chico quedo olvidado, de vez en cuando aparecía algún
eco de su recuerdo. María creció pero su
belleza se apagó, desde aquel día su luz se fue desvaneciendo lentamente. La
luz de sus ojos se apagó totalmente, ya no parecía la misma chica que conocí cuando
tenía cinco años.
Poco a poco el
ruido de mi pecho regresó, esta vez más doloroso, el ruido era atormentador.
Creí que esta enfermedad se había acabado, lo había solucionado con la muerte
del chico. Pero no fue así, lo único que hizo fue regresas el doble de
doloroso.
Este problema
no se fue, creció y la única forma de acabarlo… es hacer lo que debí haber
hecho desde un principio, mi proyecto, ¡NO!, mi amor, María, debía morir.
Camine con ella
en el parque, cuando regresaba a su casa, por supuesto ella no sabía de mi
existencia, no podía verme tampoco sentir mi presencia, pero yo su la veía y su
presencia me cautivaba. Esta sería la última vez que la vería, me hubiese
gustado ver por última vez su sonrisa.
El día de hoy
María vestía un delicado vestido de verano blanco, su pelo negro caía hasta los
hombros como su fuese seda, sus ojos negros miraban sin vida el camino. Suspiré
y me dirigí hasta su casa, ahí la esperaría.
Me tomé todo el
tiempo del mundo para llegar a su casa.
Aunque fuese por un momento dejaría que mi María, mi amor, me viese. Por eso
tome la apariencia de un joven, una apariencia lo más agradable a sus ojos
posible.
En el espejo de
su sala miré por primera vez, la apariencia que tomé. Con ojos celestes y pelo
castaño, mi piel pálida como el papel estaba fría al tacto de la seda de mi
negra túnica. Tenía toda la apariencia de un joven. Sabía que ella estaba en la
casa, me aseguré de tardar el doble del tiempo de lo que ella tardaría en
llegar.
Camine con mi
apariencia mortal por el pasillo, escuché el sonido de una canilla cerrándose.
Caminé despacio hasta el baño, mi pecho hacia un ruido tan ensordecedor como la
primera vez, pero más doloroso que la segunda vez. Mi mano se volvió más fría
al apoyarse en el picaporte de la puerta del baño.
La puerta tardo
una eternidad en abrirse y cuando lo hizo… lo que vi, hizo que mi pecho latiera
con tanta fuerza y demencia, que se partió a la mitad. Por primera vez
comprendí lo que era ese ruido en mi pecho, ese dolor que me asesinaba
lentamente, era mi corazón. El mismo que ahora se detenía en la agonía de ver a María flotando en el
agua, con su vestido blanco, ahora teñido de rojo.
Me acerque a
ella, intente correr pero mis piernas mortales no me lo permitían. Aun podía
salvarla, pero tenía que hacer algo a cambio. Y lo haría con amor. Daría mi
vida por la suya.
No sé qué
ocurrirá después de mi muerte, jamás me había imaginado un mundo sin muerte, si
yo, LA
MUERTE, muere ¿Qué ocurrirá con el mundo?, me distraje de mi trabajo y
permití que el amor hiciera latir mi muerto corazón. Pero ya no había tiempo de
pensar en eso, ya no me queda tiempo.
Me voy de este
mundo. Me voy dando una vida y dejando otra. Sacrifique todo por un amor. Mi
negro corazón, late en el interior de María.
Mi vida es
ahora la suya.