anunciando el funeral de la madre de Harry.
Mientras la ceremonia concluía Harry acariciaba a su fiel compañero,
un perro de 1 año que le había regalado su madre para navidad.
Como su padre había fallecido hace un par de años, Harry tuvo que ir a vivir con su tío,
un hombre muy simpático y amable.
Al llegar a su nueva casa, su tío le tuvo que dar la triste noticia
no podía conservar a su perro porque su hija era alérgica,
“pero es lo único que me quedad de mamá” le protesto Harry,
pero muy a su pesar su tío no lo dejo conservar al perro.
Los días pasaban y la prima de Harry cayo en cama debido a una desconocida enfermedad,
Harry se había ofrecido para atenderla y cuidarla cuando su tío tenia que trabajar…
los días pasaban y la niña no mejoraba.
Una noche el tío de Harry le llevo a su hija una sopa que Harry había preparado especialmente para ella, a su tío le gustaba ver como su sobrino se preocupaba por el bienestar de su hija,
no le sorprendía que Harry supiera atender a un enfermo
debido a que él había atendido a su madre cuando ella también había caído muy enferma.
“No quiero comer” débilmente le dijo su hija, le explico que Harry se entristecería que no lo hacia porque él lo había cocinado especialmente para ella, “pero no quiero morir”.
Al día siguiente volvieron a sonar las campanas de la iglesia.
Devastado, el tío de Harry, se sienta en el patio de la iglesia a llorar.
“tuviste que haberme dejado quedar con mi perro” eso fue lo único que le dijo Harry,
antes de irse tranquilamente hacia la calle
para reunirse con un perro,
con su perro.